
FIESTA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
Sábado de la 3ª semana de Pentecostés (Día siguiente al Sagrado
Corazón de Jesús)
La fiesta del Inmaculado Corazón de María se
celebra el sábado después de Corpus Christi. La Fiesta del Sagrado
Corazón es el día anterior (viernes). La Iglesia celebra las dos
fiestas en días consecutivos para manifestar que estos dos Corazones
son inseparables. María siempre
nos lleva a Jesús.
Este 2011 el día del Sagrado Corazón de Jesús es el viernes 1° de Julio y el
del Inmaculado Corazón de María es el día siguiente, sábado 2 de Julio.
"¡Llévanos a Jesús de tu mano! ¡Llévanos, Reina y Madre, hasta las profundidades de Su Corazón adorable! ¡Corazón Inmaculado de María, ruega por nosotros!"
Historia
Ya San Juan Eudes, en el siglo XVII, había difundido esta devoción.
En 1942, en plena II Guerra Mundial, el Papa Pío XII consagró el
mundo al Corazón Inmaculado de María.
La fiesta del Corazón Inmaculado de María fue oficialmente
establecida en toda la Iglesia por el Papa Pío XII, el 4 de mayo de
1944, para obtener por medio de la intercesión de María "la paz
entre las naciones, libertad para la Iglesia, la conversión de los
pecadores, amor a la pureza y la práctica de las virtudes." El Beato
S.S. Juan Pablo II declaró que la conmemoración del Inmaculado
Corazón de María, será de naturaleza 'obligatoria' y no
'opcional'. Es decir, por primera vez en la Iglesia, la
liturgia para esta celebración debe de realizarse en todo el mundo
católico.
"Ante tu trono nos postramos suplicantes, seguros de alcanzar misericordia, de recibir gracias y el auxilio oportuno... Obtén paz y libertad completa a la Iglesia santa de Dios; detén el diluvio del neopaganismo; fomenta en los fieles el amor a la pureza, la práctica de la vida cristiana y del celo apostólico, para que los que sirven a Dios aumenten en mérito y número" Del texto de la consagración de Pío XII
Después
de su entrada a los Cielos, el Corazón de María sigue ejerciendo a
favor nuestro su amorosa intercesión. El amor de su Corazón se
dirige primero a Dios y a su Hijo Jesús, pero se extiende también
con solicitud maternal sobre todo el género humano que Jesús le
confió al morir; y así, la veneramos por la santidad de su
Inmaculado Corazón y le solicitamos su ayuda maternal en nuestro
camino a su Hijo.
El Inmaculado Corazón de María, nuestra Madre, es el camino
más rápido y seguro para llegar a Jesús.
Venerar el Inmaculado Corazón de María es venerar a la mujer que
está llena del Espíritu Santo, llena de gracia, y siempre pura para
Dios. Su Corazón femenino siempre está lleno de amor por sus hijos.
María, Madre de Jesús y nuestra, nos señala hoy su Inm
aculado
Corazón. Un corazón que arde de amor divino, que rodeado de rosas
blancas nos muestra su pureza total y que atravesado por una espada
nos invita a vivir el sendero del dolor-alegría.
La Fiesta de su Inmaculado Corazón nos remite de manera directa y
misteriosa al Sagrado Corazón de Jesús. Y es que en María todo nos
dirige a su Hijo. Los Corazones de Jesús y María están
maravillosamente unidos en el tiempo y la eternidad.
Santa María, Mediadora de todas las gracias, nos invita a confiar en
su amor maternal, a dirigir nuestras plegarias pidiéndole a su
Inmaculado Corazón que nos ayude a conformarnos con su Hijo Jesús.
Ella, quien atesoraba y meditaba todos los signos de Dios en su
Corazón, nos llama a esforzarnos por conocer nuestro propio corazón,
es decir la realidad profunda de nuestro ser, aquel misterioso
núcleo donde encontramos la huella divina que exige el encuentro
pleno con Dios Amor.
Veneramos el corazón que guarda todas las cosas de Dios en su
Corazón y que nos ayuda a sanar y consagrar a Dios nuestro propio
corazón.
CONSAGRACIÓN A LA LLAMA DEL AMOR SANTO
DEL INMACULADO CORAZÓN
Inmaculado Corazón de María, humildemente te pido que lleves mi
corazón a la Llama del Amor Santo, que es el refugio espiritual de
toda la humanidad. No veas mis faltas ni mis fallas, más bien
permite que estas iniquidades sean quemadas por esta Llama
purificadora.
A través del Amor Santo, ayúdame a ser santificado en el momento
presente, y al hacerlo, darte a Ti, querida Madre, cada uno de mis
pensamientos, palabras y obras. Tómame y úsame de acuerdo a lo que
te sea agradable. Permíteme ser Tu instrumento en el mundo, todo
para la mayor gloria de Dios hacia Tu victorioso Reino. Amén.